Blog del Departamento de Lengua Secundaria y Bachillerato

Blog del Departamento de Lengua Secundaria y Bachillerato

jueves, 12 de noviembre de 2015

Sergio Peñate, 4º B: Dos gotas de agua


Mientras ella lloraba... 
dos gotas de agua

Por Sergio Peñate, alumno de 4º ESO-B

Mientras ella lloraba mirando la lluvia caer por la ventana, yo la observaba a ella. La taza de chocolate caliente que sostenía con ambas manos temblaba al ritmo que lo hacían sus manos. De vez en cuando los dientes de la chica chocaban unos con otros al tiritar por culpa del frío y de la humedad de aquella noche. Aquella en la que la Luna estaba escondida tras cientos de nubes y, ni un poco de su luz, podía llegar a iluminar la oscura noche. El cuerpo de la chica yacía en la cama revuelta que estaba al lado de la ventana pero su mente estaba en cualquier otro lugar menos en aquel. Sus ojos apuntaban a la luz parpadeante de la farola, pero, medio segundo después, ese no era el punto al que miraba. En cambio, eran mis ojos a los que miraba tan detenidamente. Si observaba bien, podía llegar a ver mi reflejo en sus cristalinos ojos. Podía llegar a ver mi pelo revuelto y mi empapada camiseta. Y podía ver mi boca entreabierta, a punto de decir algo pero no siendo capaz de formular palabra. Podía verme a mí mismo, un rostro despreocupado, un muchacho empapado, un triste canal que se coló, a las tantas de la madrugada, en casa de esa triste chica para proponerle la libertad. 

Era una noche de tormenta, la mejor para huir. Ella de sus problemas, yo de mi vida entera. No apartaba su mirada de mí, casi ni pestañeaba. Yo ya tenía la boca seca, y en ese momento fue cuando la cerré, tragué saliva y me dispuse a hablar. No hizo falta. La dulce chica recogió su enredado pelo en una coleta, se puso una chaqueta negra y unas botas, y ambos nos dirigimos a la puerta de salida. Salimos y la lluvia nos mojaba. Sentíamos el agua fría recorrer nuestras caras. Abrí la boca y dejé que cientos de gotas entraran por mi boca. Ella hizo lo mismo. Ambos nos reímos y, al unísono empezamos a dar vueltas por toda la calle mojada mientras la lluvia nos mojaba la piel. En mi mente sonaba mi canción favorita, la cual me recordaría por siempre este preciso momento en el que ambos hemos evadido nuestros problemas y nos sentimos parte de la danza que forma la lluvia. Y es que no somos más que eso. No somos más que gotas de agua. Y ambos, juntos, somos el más lindo día de lluvia. En el que las gotas caen sin razón alguna, y dos chicos despreocupados, sales sin frenos, a bailar bajo ellas y encuentran la verdadera libertad.

No hay comentarios:

Publicar un comentario