Realmente la paz es algo
muy importante que infravaloramos. La paz es armonía, y no solo en la sociedad,
sino también a nivel intrapersonal. Es algo a lo que deberíamos dar más
importancia, evitar el odio que nos consume por dentro.
Una persona que odia no
está plenamente llena, ni con los cinco sentidos puestos en la vida y en la
naturaleza. No sirve de nada el rencor, ni mirar a nadie por encima, desde
aquel ‘escalón social’ tan famoso. Todos los seres de este mundo somos iguales,
desde el más visiblemente insignificante, hasta el más grande y fuerte. Entre
los seres humanos ni la religión, ni la sexualidad ni la raza son barreras.
Bueno, al menos no deberían serlo.
Socialmente todos
deberíamos tener los mismos derechos y luchar por ellos. La libertad de
expresión es algo imprescindible que todos los países deberían de tener.
Y hoy, en pleno siglo
veintiuno se siguen viendo diferencias entre personas con yihad o con un
rosario colgado del cuello. Diferencias entre blanco y negro. Es totalmente
increíble cómo todavía no hemos conseguido esa igualdad del ser humano. En
siglos pasados, ha habido gente que ha luchado por esos derechos y malo sería
que nosotros dejáramos que esta desigualdad, discriminación..., que este odio
crezca entre nosotros y nos consuma. Que no sean armas y sean letras, que no
sean conflictos y sean abrazos, cariño y que no sean enemigos, sino amigos.
Veo injusto que personas
inocentes se vean involucradas en una guerra que no les pertenece y la paz se
desvanece ante el ansia de venganza. No consiste en jugar aleatoriamente con
proyectiles y armadas. Esta guerra es contra los yihadistas, no contra la
religión ni ningún país.
Tenía esperanzas de que
todo lo que se habla, de la guerra y su historia, jamás volviese a ocurrir,
pero ante mis ojos tengo la prueba de que no hemos evolucionado lo suficiente.
Yo creía la palabra guerra ya olvidada. Mi ideología pacifista se estremece
ante los acontecimientos y ya dudo si es posible solucionar esto sin oír el
sonido de los casquillos golpeando el suelo.
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