Blog del Departamento de Lengua Secundaria y Bachillerato

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martes, 1 de diciembre de 2015

El Romanticismo. Características del Romanticismo.
El Romanticismo aportó una nueva visión del mundo. El modelo ilustrado del siglo XVII se convierte para los románticos en una prisión que les impide expresar sus pasiones, sus fantasías, sus sueños...
-      Subjetividad. El artista romántico se subleva contra las normas establecidas y busca nuevas formas expresivas en las que pueda manifestar su subjetividad. El arte se convierte en un instrumento para reflejar el mundo interior del artista: sus sentimientos, sus deseos, sus frustraciones...
-    Deseo de libertad.  El romántico es un defensor de la libertad personal: en las ideas, en el arte, en la política...; por ello se rebela contra las normas sociales y las costumbres de su época.
-    Angustia vital. El mundo, para el romántico, es injusto e imperfecto muy alejado de sus grandes ideales y su sensibilidad artística. Esta confrontación entre la realidad (la sociedad) y el ideal provoca una constante insatisfacción.
-    Nacionalismo.  Los románticos valoran la cultura propia (lo regional) y la perciben como algo auténtico y genuino. En España esta tendencia provoca el resurgimiento de la literatura en gallego, euskera y catalán.
La lírica romántica.
Los románticos encontraron en la poesía el cauce ideal para la expresión de los sentimientos. La lírica, mejor que los otros géneros, sirve para transmitir el mundo interior del poeta: sus deseos, sus temores, sus emociones...
La poesía romántica se caracterizaba por la ruptura con las formas neoclásicas y la búsqueda de la libertad creativa.
Temas.
Los temas más tratados en la lírica romántica son los relacionados con sentimientos íntimos del poeta: el amor, la propia existencia, la angustia ...
El amor. Es el gran tema de los románticos y, para ellos, el fundamento de la existencia.
-Amor idealizado. Se concibe como un sentimiento supremo que provoca en el poeta un estado de máxima felicidad.
-Amor trágico. Se entiende como una fuerza apasionadas que arrastra al poeta hacia la melancolía o un destino fatal.
Ejemplo de amor idealizado:
Los invisibles átomos del aire
en derredor palpitan y se inflaman;
el cielo se deshace en rayos de oro;
la tierra se estremece alborozada;
oigo flotando en olas de armonía
rumor de besos y batir de alas;
mis párpados se cierran... ¿Qué sucede?
¡Es el amor, que pasa!
Ejemplo de amor trágico:
Como se arranca el hierro de una herida
su amor de las entrañas me arranqué,
¡aunque sentí al hacerlo que la vida
me arrancaba con él!

La existencia. La vida es una fuente continua de agonía. El romántico está en conflicto con un mundo que no le satisface y que no acepta. Este enfrentamiento le produce un desaliento y una frustración que le lleven a la tristeza, la soledad o, incluso, el suicidio.
Y encontré mi ilusión desvanecida
y eterno e insaciable mi deseo:
palpé la realidad y odié la vida;
sólo en la paz de los sepulcros creo.
El desengaño provoca la evasión de la realidad. El poeta se refugia en ambientes o tiempos lejanos y exóticos.
Ven a Córdoba, cristiana,
sultana serás allí,
y el sultán será, ¡oh, sultana!
un esclavo para ti.

El poeta identifica su estado de ánimo con la naturaleza. El paisaje que describe está acorde con sus sentimientos.
Yo, desde mi ventana,
que azotan los airados elementos,
regocijada y pensativa escucho
el discorde concierto
simpático a mi alma...
¡Oh, mi amigo el invierno!,
La libertad. Es el gran deseo de los románticos, por eso luchan contra las normas y la opresión.
Estilo y métrica.
Para reflejar sus sentimientos, los escritores románticos utilizan un vocabulario sugerente y sonoro. Los sustantivos y los adjetivos tienen un enorme colorido y expresividad.
El lenguaje romántico es musical y enfático y evocador, los poetas emplean interrogaciones y exclamaciones retóricas y abundantes hipérbatos.
En cuanto a la métrica, los románticos reclaman libertad en las formas. Lo importante es que el verso se adapte a la expresión de los sentimientos. Por ello, los románticos usan estrofas y versos de distinta medida, a veces en combinaciones novedosas e insólitas. Se tiende a la rima consonante.

LAS OBRAS TEATRALES DURANTE EL ROMANTICISMO


El teatro romántico se erigió como el resto de géneros en contra del neoclasicismo.
Rechaza las normas clásicas y ensalza la singularidad del individuo. A diferencia de sus predecesores, el autor romántico no intenta aleccionar al público, sino que pretende transmitir sus sentimientos, emocionar al público.

La pieza teatral más empleada entonces fue el drama, que era un género nuevo que unía la tragedia y la comedia, tal y como ya hiciera Lope de Vega.

Los rasgos más habituales de estos dramas son:

   - El enfrentamiento del héroe contra la sociedad.
   - La combinación de elementos trágicos y cómicos.
   - El desenlace trágico.
   - La escenografía se vuelve cada vez más espectacular para atraer al público y, por lo tanto, las        acotaciones teatrales se ensanchan y complican con numerosos detalles técnicos, en muchos  casos muy difíciles de llevar a la escena.
   - Los decorados son lujosos y muy cuidados con detalles que recrean ambientes exóticos y lúgubres (castillos, bosques, cementerios, etc.).
   - Los efectos de luz se desarrollan ayudando a representar los distintos momentos del día, así como otros efectos, tales como apariciones de fantasmas. 
   - Los efectos de sonido se mejoran de manera que simulan el tañido de las campanas, los truenos de una tormenta, etc.
   - La acción se suele presentar en calles, habitaciones o balcones, como en toda la tradición, pero destacan las escenas en ambientes tenebrosos, como ruinas, cementerios, en espacios naturales salvajes, como bosques o selvas, o en países exóticos, como el norte de África o Oriente. Estos escenarios, en general, responden a un claro simbolismo que se mimetiza con el ánimo y el temperamento del protagonista.
   - Los temas de este teatro son básicamente de amores imposibles ya sea por el impedimento de las normas sociales o por la consecución de un destino fatal que lo impide.
   - El texto en estos dramas está caracterizado por la mezcla de prosa y verso, así como por la inserción de varias tramas paralelas a la trama principal, lo que lleva a numerosos cambios de espacio e incluso de la época en la que se desarrolla la acción.
   - Los personajes más relevantes del drama romántico son:

*El héroe, quien casi siempre es un joven misterioso, que lucha por sus ideales de libertad,   amor y justicia, pero que por distintos infortunios no consigue alcanzar la felicidad y siembra la fatalidad allá donde acude, acabando en muchos casos con la muerte.

*La heroína, quien casi siempre es la enamorada del héroe, suele ser dulce, tierna y con poca iniciativa. Es un personaje que sacrifica toda su felicidad por su amor hacia el héroe y su destino está ligado al fatalismo del héroe.

José Zorrilla

José Zorrilla (Valladolid 1817 - Madrid 1893) escribió una treintena de obras dramáticas, a lo largo de muchos años de trabajo. Su producción teatral se inició en 1837 con Vivir loco y morir más y alcanzó su primer éxito con El zapatero y el rey (1840), a la que siguieron: El eco del torrente (1842), Sancho García (1842), El puñal del godo (1843), Don Juan Tenorio (1844) y Traidor, inconfeso y mártir (1849). También escribió tragedias a la manera clásica, como Sofronia (1843).

Destaca sobre todo por su versión del Don Juan Tenorio (1844) que había tratado, por ejemplo, Tirso de Molina. Zorrilla, aun así, hace de su versión un drama religioso-fantástico en el que un singular fatalismo acompaña las malas acciones del muchacho, quien logra finalmente salvarse (a diferencia de sus predecesores) gracias a la misericordia de su amada Inés, quien permanece aguardándole en el Purgatorio hasta que consigue redimir el alma demoníaca de don Juan. Zorrilla adapta así el drama a un punto de vista católico en el que existe la esperanza de que se perdonen los pecados si el arrepentimiento es sincero.

La facilidad en la versificación que tenía Zorrilla, así como la aguda adaptación del argumento al punto de vista romántico han hecho de su versión la más representada de las muchas que corren.

Duque de Rivas

Ángel de Saavedra, duque de Rivas (Córdoba 1791 - Madrid 1865), después de unos inicios neoclásicos escribió el Don Álvaro o la fuerza del sino (1835), paradigma del romanticismo teatral español.

Esta obra está escrita en prosa y verso, y sigue las directrices románticas de libertad espacio-temporal al incluir varias tramas y espacios muy alejados entre sí. El sino que se anuncia en la obra es el del protagonista, don Álvaro, prototípico héroe misterioso que carga sobre sus espaldas un pasado oculto y horrible que condiciona todos sus actos. Don Álvaro, con su buena figura, su riqueza y generosidad, su valentía y caballerosidad, conquista el corazón de Leonor y de la gente de Sevilla, pero se enemista con los Vargas, familia de su amada, lo cual desencadenará la tragedia. Es una obra muy imaginativa y de gran plasticidad.

ROSALÍA DE CASTRO

VIDA                                                                                              Nació en Santiago de Compostela (24-11-1837), El ser hija ilegítima constituyó para ella un motivo de incurable amargura. Contrajo matrimonio (1858) con el notable historiador gallego Manuel Murguía. Vivieron en diversos lugares de Castilla, pero Rosalía no sintió nunca simpatía por esta región. Regresan a Galicia (La Coruña, Santiago, Padrón). Su vida estuvo llena de penalidades. Murió de cáncer en  Padrón (1885). Sus restos fueron trasladados a un monumento funerario erigido por suscripción popular en la iglesia compostelana de Santo Domingo. Su pueblo la acompañó entonces, y la adora, hoy como algo propio.

OBRA                                                                                        Fue, sobre todo, excepcional poeta, famosa por sus libros  Cantares galegos (1863), en gallego, escrito en parte en Castilla, con añoranza de Galicia; Follas novas ("Hojas nuevas", 1880), también en gallego, con sentimientos de dolor y desengaño; y En las orillas del Sar (1884), libro capital de la lírica castellana, que es una atormentada confesión de su intimidad.
Se habla de influjos mutuos entre Bécquer y Rosalía, pero no están demostrados. El sevillano es más "puro", utiliza pocos recursos expresivos. Como contrapartida, Rosalía ofrece una riqueza temática muy superior, no olvida el dolor ajeno, y es sensible a la Naturaleza.
Un ejemplo de su libro Follas novas.
Una vez tuve un clavo                                                                                                                  clavado en el corazón,
y yo no me acuerdo ya si era aquel clavo
de oro, de hierro o de amor.
Sólo sé que me produjo un mal tan hondo,
que tanto me atormentó,
que yo día y noche sin cesar lloraba
como lloró Magdalena en la Pasión.
 "Señor que todo lo puedes
 -le pedí una vez a Dios-
dame valor para arrancar de un golpe
clavo de tal condición "
y diómelo Dios y me lo arranqué,
pero... ¿quIen lo pensara. ... Después
 ya no sentí más tormentos                                                                                                                           ni supe lo que era dolor;                                                                                                                                                supe tan sólo que no sé qué me faltaba
en donde el clavo faltó,
y me parece..., me parece que tuve añoranza
de aquella pena... ¡Buen Dios!
Este barro mortal que envuelve el espíritu,
¿quién lo entenderá, Señor?

En las orillas del Sar. En estas composiciones Rosalía consigue capturar en un breve poema una emoción hondísima y es entonces cuando muestra un mayor parecido con la obra poética de Bécquer.
Alma que vas huyendo de ti misma,                                                                                          ¿qué buscas insensata en los demás?                                                                                     secas todas las fuentes has de hallar.                                                                                  ¿Que hay en el cielo estrellas todavía                                                                                         y hay en la tierra flores perfumadas?                                                                                     Sí... Mas no son ya aquellas
que tú amaste y te amaron, desdichada. 
. En este extraordinario poema en octonarios (8 + 8), la autora expresa sus deseos de belleza, de juventud, de paz y de dicha, frenados por el presentimiento de la muerte.  
Dicen que no hablan las plantas, ni las fuentes, ni los pájaros                                                                              ni la onda con sus rumores, ni con su brillo los astros.
Lo dicen; pero no es cierto, pues siempre, cuando yo paso, 
de mí murmuran y exclaman: -Ahí va la loca, soñando                                                                                        con la eterna primavera de la vida y de los campos,
y ya bien pronto, bien pronto, tendrá los cabellos canos,
y ve temblando, aterida, que cubre la escarcha el prado-. 
-Hay canas en mi cabeza, hay en los prados escarcha;                                                     
mas yo prosigo soñando, pobre, incurable sonámbula,
con la eterna primavera de la vida que se apaga,
y la perenne frescura de los campos y las almas,                                                                               aunque los unos se agostan, y aunque las otras se abrasan.
¡Astros y fuentes y flores!, no murmuréis de mis sueños;
sin ellos, ¿cómo admiraros?; ni ¿cómo vivir sin ellos? 

El desasosiego romántico
Los poemas de Follas novas muestran una visión melancólica, y a veces amarga, de la existencia, que evoluciona hacia el pesimismo radical y desesperanzado de En las orillas del Sar. En sus poemas Rosalía de Castro expresa el lamento y la queja por sentirse despojada de la felicidad e ilusiones pasadas.


En el libro En las orillas del Sar, destacamos aquellos poemas breves en que la dolorida, la atormentada intimidad de la autora alcanza su expresión más honda, más densa y pura. En este primer poema encierra una paradoja: complacerse en un dolor que parece más valiosos que la alegría. Este poema se relaciona con la rima II de Bécquer.

No va solo el que llora,
no os sequéis, ¡por piedad!, lágrimas mías;
basta un pesar del alma;
jamás, jamás le bastará una dicha.
 Juguete del Destino, artista humilde,
rodé triste y perdida;
pero conmigo lo llevaba todo;
llevaba mi dolor por compañía.




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