¡Sí! Todavía me acuerdo de aquella mirada,oscura y fría,que conseguí hacer de mí, otro ser completamente distinto. Todavía puedo recordar aquellos ojos azules,llamativos a primera vista, pero que ocultaban los pensamientos,un universo en el que el único ser humano fuera ella...
Lili era una niña tímida, que ocultaba un duro y triste pasado, pero que estaba dispuesta a hacer lo que fuese por mejorar su futuro. Tenía un lacio pelo, largo y rubio, que en alineación con el sol se teñía de dorado. A veces, y sólo a veces, presumía de sus notas y de la larga gama de instrumentos que sabía tocar a la perfección. En cambio, otras veces, se guardaba para sí hasta el más mínimo detalle; ninguno de nosotros llegó a conocer la fecha de su cumpleaños, o donde vivía. Aquella niña era perfecta: buenas notas, buen gusto, amigos por doquier y todo lo que quería lo acabaría teniendo a su antojo. Tenía un defecto, un gran defecto que le impedía ser perfecta; su mirada. Sus ojos eran diferentes a los demás. Unos ojos azules como la infinidad del cielo, grandes como los límites del espacio y oscuros como una noche de luna nueva. Sus ojos eran la puerta a sus sentimientos más profundos, que nadie, nunca, conseguía comprender, pero ella guardaba en lo más oscuro de su corazón, ocultándolos al resto y haciendo así de ellos, una gota de agua que se desplomaba en el océano profundo, una estrella fugaz que se escapaba de una constelación, unos ojos que hacía que su mirada fuese diferente, distinta al resto y esos eran los ojos de Lili.
Era otoño y las hojas de verano empezaban a caerse, esto era signo de que había llegado la nueva estación. Aquel día hacia frío, y el fuerte viento daba golpes constantes a las ventanas, razón de mi interrumpido sueño. Los ojos de Lili me despertaron aquella noche. Sí, así es, otra vez soñé que me caía dentro de la profundidad de sus ojos. Era atraído por la infinidad de su mirada, soñé que podía moverme alrededor de la inmensa y perfeccionada circunferencia que formaban sus ojos. Fue aquella noche en la que empecé a obsesionarme con los ojos de Lili.
El tiempo fue pasando y Lili iba cambiando con este. Cada día que pasaba se iba convirtiendo en otra persona, crecía, su pelo se hacía cada vez más largo y grisáceo. Y lo más destacable, era que cambiaba de emociones constantemente; un día estaba triste, otro feliz, lloraba, reía, era como si de verdad fuera humana,fuera como nosotros. Pero en cambio, su mirada no cambiaba nunca. Los ojos, son, en la mayoría de los casos,el único rasgo que no cambia nunca, por ello, se reconoce a las personas, por sus ojos, pues siempre serán prácticamente iguales. Pero en Lili, podía ver más allá de sus ojos, podía ver el insumergible mundo de su imaginación y todo lo que Lili había visto pasar por delante de ella sin darse cuanta, todo aquello que había pasado por delante de esos ojos tan frágiles...su propia vida.
Desde aquel día, he ido al museo todos los días, solamente para ver ese cuadro que me sigue atormentando todas las noches, ese cuadro en el que yo puedo ver mucho más allá, puedo deducir su futuro y porqué está ahí. Cada día voy al museo, a ese pasillo, a esa zona, sólo para ver el mismo cuadro que me mira a mí. Voy sólo para contemplar 'Los ojos de Lili'.
Samuel Medina Díaz 3º ESO C
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